Belgica
Bélgica
Mucho antes de que la perestroika y la glasnot fueran un hecho, el arte unió a Rusia y a los Estados Unidos en una formidable exposición de intercambio entre las colecciones de Catalina La Grande y las del Met neoyorquino, con el eslogan "el arte derriba fronteras porque habla un idioma universal". Esta dinámica vuelve a ser realidad con la visita del príncipe Felipe de Bélgica, que más allá de la intención de impulsar negocios entre ambos países resultará una oportunidad única para revisar el patrimonio arquitectónico de Buenos Aires, enriquecido por el aporte de los arquitectos belgas. Este será el tema de la exposición, organizada por la diputada Teresa Anchorena, que se inaugurará hoy, a las 18, en el hall central de la Legislatura de Buenos Aires, con la presencia del príncipe Felipe, duque de Brabante y de descendientes de familias belgas radicadas en la Argentina. Curada por Fabio Grementieri y con fotos de Xavier Verstraeten, la muestra revisa varios edificios de Buenos Aires que llevan la firma de profesionales belgas. Va como ejemplo máximo el Teatro Colón; la central eléctrica de Puerto Nuevo, que se eleva como una catedral frente al río; el palacio de aguas corrientes, sobre la avenida Córdoba el teatro Opera; la embajada de Brasil y la Fundación Bunge & amp; Born, entre otros.
Anchorena destacó la larga relación cultural entre la Argentina y Bélgica, marco auspicio so para una visita que no comienza ni termina en cuestiones de balanza comercial.
Experimentó un rápido desarrollo similar al inglés, gracias a la iniciativa del Estado y al disponer de un sistema bancario favorable a las inversiones industriales, que dotaron al país de uno de los mejores sistemas ferroviarios de Europa. Los centros principales se encontraban en Gante y Leija. Bélgica contaba ya en 1830 con una industria textil muy desarrollada y una siderurgia en expansión.

Este crecimiento económico fue posible por la confluencia de varios factores. Primero el notable incremento demográfico. Luego, la disponibilidad de unos medios de transporte baratos (ríos y canales) y la abundancia de materias primas(carbón y hierro), posibilitaron el desarrollo de la siderurgia. Además, el apoyo de las sociedades crediticias y la banca completaban este juego de elementos favorables para el desarrollo de las nuevas formas industriales.
En Bélgica ha habido contribuciones al desarrollo de las ciencias y la tecnología de importancia internacional. Durante el florecimiento del siglo XVI de Europa occidental, se puede citar entre los más influyentes científicos al cartógrafo Gerardus Mercator , al anatomista Andreas Vesalius, al botánico Rembert Dodoens y el matemático Simon Stevin.
El químico Ernest Solvay y el ingeniero Zenobe Gramme (École Industrielle de Liège) dieron sus nombres al proceso Solvay y a la dinamo de Gramme, respectivamente, en la década de 1860. La bakelita fue desarrollada en 1907–1909 por Leo Baekeland. Ernest Solvay fue también un gran filántropo y dio su nombre al Instituto Solvay de Sociología, a la Escuela Solvay de Bruselas de Economía y Gestión y a los Institutos Internacionales Solvay de Física y Química que forman parte actualmente de la Universidad Libre de Bruselas. In 1911 Ernest Solvay comenzó una serie de conferencias, las Conferencias Solvay sobre Física y Química, que tuvieron un impacto profundo en la evolución de la física de los cuantos y en la química. Se debe también una contribución mayor a la ciencia fundamental al belga Georges Lemarite (Universidad Católica de Lovaina), al que se le atribuye la propuesta de la teoría del Bing Bang sobre el origen del Universo en 1927.
Marc van Montagu descubrió el mecanismo de transferencia genética entre la bacteria Agrobacterium y ciertas plantas, que resultó en el desarrollo de métodos para convertir Agrobacterium en un sistema eficaz para crear plantas transgénicas. Van Montagu recibió el World Food Price, similar al Premio Nobel en el ámbito de la agricultura, en 2013.
El químico Ernest Solvay y el ingeniero Zenobe Gramme (École Industrielle de Liège) dieron sus nombres al proceso Solvay y a la dinamo de Gramme, respectivamente, en la década de 1860. La bakelita fue desarrollada en 1907–1909 por Leo Baekeland. Ernest Solvay fue también un gran filántropo y dio su nombre al Instituto Solvay de Sociología, a la Escuela Solvay de Bruselas de Economía y Gestión y a los Institutos Internacionales Solvay de Física y Química que forman parte actualmente de la Universidad Libre de Bruselas. In 1911 Ernest Solvay comenzó una serie de conferencias, las Conferencias Solvay sobre Física y Química, que tuvieron un impacto profundo en la evolución de la física de los cuantos y en la química. Se debe también una contribución mayor a la ciencia fundamental al belga Georges Lemarite (Universidad Católica de Lovaina), al que se le atribuye la propuesta de la teoría del Bing Bang sobre el origen del Universo en 1927.
Marc van Montagu descubrió el mecanismo de transferencia genética entre la bacteria Agrobacterium y ciertas plantas, que resultó en el desarrollo de métodos para convertir Agrobacterium en un sistema eficaz para crear plantas transgénicas. Van Montagu recibió el World Food Price, similar al Premio Nobel en el ámbito de la agricultura, en 2013.
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